La gran mentira verde

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En la próxima cumbre del Convenio sobre la Diversidad Biológica, los líderes mundiales planean llegar a un acuerdo para convertir el 30% de la Tierra en “Áreas Protegidas" para el año 2030. Las grandes ONG de conservación argumentan que esto mitigará el cambio climático, reducirá la pérdida de la vida silvestre, mejorará la biodiversidad y salvará nuestro medioambiente. Se equivocan. Las Áreas Protegidas no salvarán nuestro planeta. Más bien al contrario: aumentarán el sufrimiento humano y acelerarán, por tanto, la destrucción de los espacios que dicen proteger, porque crecerá el rechazo entre la población local a estas zonas protegidas.

Las AP no tienen ningún efecto sobre el cambio climático y se ha demostrado que por lo general su eficacia en la prevención de la pérdida de vida silvestre deja mucho que desear.

Es crucial que se propongan soluciones reales para abordar estos problemas urgentes y que se reconozca y se debata debidamente la verdadera causa del cambio climático: la explotación de los recursos naturales para la obtención de beneficios y el creciente consumo excesivo, enraizado en el Norte Global. Pero es poco probable que esto ocurra porque hay demasiados intereses en juego que de que se mantengan las pautas de consumo existentes.

¿Quién sufrirá si el 30% de la Tierra está "protegida"? No serán los que causan la crisis climática de manera abrumadora, sino principalmente los indígenas y otros habitantes locales del Sur Global que juegan un papel menor o nulo en la destrucción medioambiental. Expulsarlos de sus tierras para crear áreas protegidas no ayudará al clima: los pueblos indígenas son los mejores guardianes del mundo natural y una parte esencial de la diversidad humana que es clave para proteger la biodiversidad.

Debemos detener las presiones por el plan del 30%.

La verdad sobre las áreas protegidas

En muchas partes del mundo, un Área Protegida es un lugar donde la población local, que durante generaciones ha llamado a esa tierra su hogar, ya no puede vivir o utilizar el entorno natural para alimentar a sus familias, recoger plantas medicinales o visitar sus lugares sagrados. Esto sigue el modelo estadounidense de creación de los primeros parques nacionales del mundo, en el siglo XIX, en tierras robadas a los nativos norteamericanos. Muchos parques nacionales de EE.UU. obligaron a los pueblos que habían creado los paisajes "salvajes" ricos en vida silvestre a vivir sin tierras y en la pobreza.

Esto mismo lo siguen sufriendo actualmente los pueblos indígenas y otras comunidades en África y partes de Asia. Se expulsa a la población local de sus territorios mediante la fuerza, la coacción o el soborno. Sufren palizas, torturas y abusos a manos de guardaparques cuando tratan de cazar para alimentar a sus familias o, simplemente, de entrar a sus tierras ancestrales. Los mejores guardianes de la naturaleza, que eran autosuficientes y emitían una huella de carbono mucho menor que cualquiera de nosotros, quedan abocados a la pobreza, sin tierra y con frecuencia acaban sumándose a la superpoblación urbana. Por lo general, estos proyectos son financiados y dirigidos por ONG de conservación occidentales. Una vez que los locales se han ido, los turistas, las industrias extractivas y otros son bienvenidos. Por estas razones, la oposición local a las áreas protegidas es cada vez mayor.

¿Por qué deberíamos oponernos?

Duplicar las áreas protegidas para cubrir el 30% del planeta asegurará que estos problemas se agraven mucho más. Como las regiones más biodiversas son aquellas en las que todavía viven los pueblos indígenas, éstas serán las primeras zonas a las que pondrá en su foco la industria de la conservación. Será la mayor apropiación de tierras en la historia del mundo (toda ella en nombre de la conservación de la naturaleza) y abocará a cientos de millones de personas a la miseria por falta de tierra. La creación de áreas protegidas rara vez se ha hecho con el consentimiento de las comunidades indígenas, o respetando sus derechos humanos. No hay ninguna señal de que vaya a ser diferente en el futuro. Es probable que la creación de más áreas protegidas se traduzca en una mayor militarización y en más abusos de los derechos humanos.

El concepto de "conservación de fortaleza", consistente en que la población local debe ser expulsada de sus tierras para proteger la "naturaleza", es colonial. Es perjudicial para el medioambiente y está arraigada en ideas racistas y ecofascistas sobre qué personas valen más y cuáles menos y pueden ser expulsadas y empobrecidas, o atacadas y asesinadas.

La industria de la conservación pretende obtener  140 mil millones de dólares cada año para financiar su apropiación de tierras.

¿Qué proponemos?

Debemos luchar contra esta gran mentira verde.

Si realmente queremos frenar la pérdida de la biodiversidad, el método más barato y eficaz pasa por apoyar la mayor cantidad posible de tierras indígenas. El 80% de la biodiversidad del planeta se encuentra en ellas.

Por los indígenas, por la naturaleza, por la humanidad. #BigGreenLie

Fuente: Survival

Temas: Pueblos indígenas, Tierra, territorio y bienes comunes

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